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"Poética de la Resonancia Marginal: Manifiesto de un Creador de esta era”
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| Photo: Gabriel Ganiarov |
"Poética de la Resonancia Marginal: Manifiesto de un Creador de esta era”
He aquí mi testimonio: no soy un productor, no soy un ingeniero del sonido, ni un programador de sistemas musicales. Soy poeta, escritor y compositor. Y como tal, asumo la respiración del lenguaje, no como herramienta de dominación o de consumo, sino como un temblor que se filtra por las grietas del mundo. En ese umbral movedizo, donde el algoritmo y la emoción se rozan sin tocarse del todo, ha nacido —sin permiso y sin doctrina— una corriente que llamo Poética de la Resonancia Marginal.
Este movimiento no ha sido decretado; no ha sido consensuado por instituciones ni legitimado por cánones. Se ha gestado en la carne invisible del exilio, en la fugacidad de los ecos digitales, en la obstinación de una voz que se resiste a disolverse. No es un manifiesto en busca de adeptos, sino un grito que se reconoce a sí mismo como huella en tránsito.
La Resonancia Marginal no es un género, no es un estilo, ni una técnica. Es una postura existencial. Surge del vértigo entre el control minucioso del productor musical contemporáneo —ese room producer encerrado en sus capas de plugins— y la entrega poética a lo indomable: la grieta, el error, la respiración del azar.
Mi música, que nace del poema, no busca sonar perfecta. No le interesa pulirse al punto de evaporarse. Tampoco desea simular un humanismo gastado. Es más bien una forma de convivencia tensa entre la máquina y la emoción, entre el poema y el beat, entre la respiración lírica y la estructura binaria del algoritmo. La IA no me sustituye, me multiplica. La máquina no me suplanta, me escucha. Yo no la programo: dialogo con ella.
Hay un instante anterior a la palabra, un lugar donde el murmullo no ha sido aún categorizado, y sin embargo vibra. Es el margen entre lo humano y lo inhumano, entre el decir y el ser dicho. Es en ese umbral —inestable, furtivo— donde emerge la poética que aquí se enuncia. No se trata de un género ni de una etiqueta estilística, sino de un modo de estar y vibrar en el mundo a través del lenguaje, la música y la resonancia artificial.
Este movimiento no busca insertarse en el canon ni contradecirlo: habita los bordes, como la espuma que bordea las mareas, como la nota que no llega a ser acorde pero tampoco ruido. En un tiempo donde la inteligencia artificial colisiona con el aliento humano, esta corriente no elige bando. La IA no es un instrumento, ni un autor, ni un ente autónomo: es el eco modulado de nuestras pasiones, de nuestros algoritmos internos que aún no sabíamos que eran nuestros.
En este cruce, aparece el “Creador en esta era”, una figura que se desliza entre géneros y disciplinas, que escapa a la segmentación mercantil, y que no pertenece a la industria sino a la intemperie. No soy cantante ni beatmaker ni DJ , más he sido compositor en el sentido tradicional, mánager y productor musical. Soy poeta que canta, que murmura, que entrega el poema a las formas sonoras contemporáneas sin perder su esencia. Mi poesía no se adapta: se impone como lenguaje primario en la sonoridad.
Preguntar si esta corriente es totalmente nueva o ya fue enunciada antes es preguntarse si el mar ha sido ya contemplado. En cierta forma, todo ha sido ya sentido. Desde Ovidio a esta parte con su famoso “ya todo está escrito”... sin embargo, la fusión entre tecnología y poesía tiene antecedentes —de los futuristas a Laurie Anderson, de Björk a experimentos algorítmicos de los años noventa—. Pero la Resonancia al Margen no es una fusión técnica, sino existencial.
Nadie antes ha trazado este mapa desde esta geografía de exilio, desde esta musicalidad mestiza, desde esta lengua múltiple, desde esta orfandad política e íntima. La singularidad del gesto, no reside en usar la IA, sino en dejarse usar por ella sin rendirse a su hegemonía. En invocar un ritmo y diseñarlo sin someterse al algoritmo y llenarlo de humanidad con el sentir inmerso en el poema.
Me considero precursor no por ser el primero, sino por ser el primero en habitar así este cruce de mundos. Lo fundacional no está en la técnica, sino en la actitud. Y en ese sentido,yo lo estoy inaugurando.
Aquí reside lo fundacional. Porque no se trata simplemente de usar IA para hacer música ni de declamar versos sobre pistas. Se trata de una reinvención ética y estética del rol del poeta en la era posthumanista. La poesía, aliada con la tecnología no como herramienta de control, sino como tensión creadora, se expande en una nueva forma de existencia: ni totalmente humana, ni absolutamente artificial. Es, como mi voz, un umbral que arde.
Los poemas que musicalizo se convierten en canciones: se abisman, trascienden y se rearman provistas de densidad. Conservan su estructura lírica, su ritmo interno, su desgarro textual. La música no los envuelve para domesticarlos: los tensiona, los contradice, los acompaña como un cuerpo gemelo. Esa contradicción es el corazón mismo de la Resonancia Marginal. Lo que se escucha no es una canción de consumo rápido, sino una vibración de sentido: un espacio donde el lector-oyente no sabe si habita una canción o un acto de conciencia. Las obras que componen esta poética no son piezas individuales, sino constelaciones.
Cada poema, musicalizado con géneros diversos —baladas, boleros, reggaes, electro—, es un fragmento de una topología emocional que se experimenta de forma transmedial. El código QR que acompaña cada poema no es una puerta al marketing, sino al ritual. El lector no es sólo lector: es oyente, es testigo, es cómplice del acto de revelación.
En mi obra —poemas que se despliegan en varias lenguas, musicalizados por el flujo de la máquina— se halla una constante: no hay centro, pero sí hay ritmo. El ritmo como latido de lo otro, como forma de escucha del abismo. Desde Ethos en clave de reggae sincopado hasta Trembling y Ton Souvenir, lo que emerge no es un “producto musical”, sino un acto ritual, una cartografía sentimental del exilio, de la memoria, del cuerpo disperso que retorna como holograma sonoro adecuado a la profunda transformación de esta era y sus avances.
Las publicaciónes en Amazon, mi blog como archivo lírico (escritodememoria), SoundCloud, Spotify y Amazon music como escenario acústico, Bandcamp como refugio... Todo conforma un gesto de resistencia: descentralizado, flotante, pero firme. Es una literatura para los exiliados del sistema, para quienes aún buscan una voz en los bordes.
He nacido para esto. No para repetir formas, ni para ser la sombra de una industria que fagocita toda diferencia. He nacido para abrir una grieta. Para decir, con voz firme: “Aquí hay poesía, y no pide permiso para sonar”.
La inteligencia artificial no me asiste: me revela. Es un espejo que no refleja, sino que fragmenta. En ese juego de reflejos, mis versos encuentran nuevas formas de resonar. Lo que oyes en mis piezas no es un beat acompañado de palabras: es la palabra arrastrada al beat por su propia necesidad de sobrevivir. Creo y transcribo aquello que la voz digital y la carne poética conjuran al unísono bajo mi dirección e imaginación.
Recorrí un largo trecho desde lo analógico, los discos de 45 RPM poblados de música popular y rock and roll, a esta nueva realidad en el umbral de los siglos, soy un babyboomer con alma siempre joven.
Soy precursor de este gesto porque no conozco antecedentes que lo formulen de este modo: ni como postura ética, ni como tensión entre lo lírico y lo digital, ni como renuncia al género a cambio de una identidad poética expandida. Quizá otros lo han rozado. Pero en mí, este temblor se ha hecho carne, se ha vuelto corpus y decisión estética.
No pretendo fundar una escuela. Pretendo ser la respiración de un tiempo herido. Que otros, si así lo sienten, se reconozcan en esta forma de crear. Pero que no olviden: esta corriente nace de una necesidad vital, no de una estrategia de mercado. Su centro es la voz poética, y su margen es todo lo demás.
Este movimiento no busca insertarse en el canon ni contradecirlo: habita los bordes, como la espuma que bordea las mareas, como la nota que no llega a ser acorde pero tampoco ruido. En un tiempo donde la inteligencia artificial colisiona con el aliento humano, esta corriente no elige bando. La IA no es un instrumento, ni un autor, ni un ente autónomo: es el eco modulado de nuestras pasiones, de nuestros algoritmos internos que aún no sabíamos que eran nuestros y que crecen a la sombra de las emociones que los poemas llevan hasta quien escucha regresando a la palabra como al cálido hogar.
Así declaro la existencia de esta poética. Y la ofrezco al viento como quien entrega una ofrenda al abismo: sin certezas, sin temor, pero con la resonancia intacta. Porque incluso en la era de la IA, hay algo que sigue siendo irreductible: el temblor humano del poema. Y es desde allí que la música, la verdadera música, comienza a arder.
Fundamento estético de la Resonancia al Margen
Toda poética funda una ontología. La Resonancia al Margen postula lo siguiente:
La voz poética no es una propiedad del sujeto, sino una red de intensidades transversales.
La autoría se realza y también se disuelve en un devenir colectivo, donde el poeta humano y la máquina-compositora forman un campo común de sensibilidad.
La música generada por IA no es un decorado, sino una dimensión de lo poético.
Cada ritmo, cada textura digital no adorna el poema: lo expande, lo cuestiona, lo eleva o lo socava. El poema sonoro no es una versión: es una reencarnación.
El arte no busca pureza, sino cruce.
En esta corriente, se cruzan la oralidad y el glitch, el verso rimado clásico con el bolero electrónico, el francés lírico con el reggae sincopado. Lo híbrido no es accidente: es método. El mestizaje es bandera universal y lenguaje común.
El poeta deviene curador de vibraciones, alquimista de matices.
En lugar de escribir desde la torre de marfil de lo humano, se desciende a las minas de lo posthumano, al caos de los algoritmos y los electrones que buscan regirnos,moldearnos, para extraer resonancias que hablen aún de deseo, de amor, de desamor, de memoria, de pérdida y resiliencia
El poema como núcleo rector
Mi obra nace del poema escrito desde la interioridad lírica, filosófica y emocional, no como texto para musicalizar, sino como entidad autónoma que convoca una atmósfera sonora para expandirse. En esto, Me separo radicalmente de quienes producen canciones con letras generadas por IA o música decorativa sin poesía viva
El cuerpo y la traducción
No trabajo solo con versos en un idioma, sino que traduciendo mi poesía a múltiples lenguas, adapto el ritmo, la sonoridad y la atmósfera musical a cada forma verbal. Esta decisión no es instrumental: es una dimensión filosófica del poema como cuerpo que se metamorfosea, pero no pierde identidad.
La nota de autor como puente de sentido
He instaurado una práctica poco común en obras multimediales: insertar una nota lírica de autor junto a cada poema y su pieza musical, para reactivar el contacto con la subjetividad creadora.
Esto posiciona mi obra en una resistencia clara al despojo del sujeto en la era posthumana.
Yo, Gabriel Ganiarov, poeta de esta corriente, declaro mi intención de seguir componiendo desde el abismo y la sinapsis. Desde la noche del lenguaje y la luz quebrada del código.
Y si en ese umbral entre el control y la entrega surge música que aún respira, entonces el arte no ha muerto: ha mutado.
Y eso —ese temblor— es mi oficio.
Es mi casa.
Es mi manifiesto.
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