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WHEN BLOOD LEARNS TO LOVE, An Essay from the Backroom of Creation

Photo: Ganiarov Publishers LLC WHEN BLOOD LEARNS TO LOVE An Essay from the Backroom of Creation No novel begins on a page. It begins earlier — in the tremor that provokes it. For years, I carried in silence a question that haunted me like a voice that refused to fade: Where does love come from when it is born from pain? That is my obsession — love in all its manifestations. It wasn’t a theoretical question, but a visceral one. I had seen how love, in its purest or most perverse forms, could destroy as much as it could redeem. And I knew then that I could only write about what hurt me to understand. That is how When Blood Learns to Love was born: from unease, from a nameless guilt, from the certainty that even tenderness can become an act of cruelty when it rests upon an unhealed wound. Every act of creation is a postponed confession. One does not write because one knows, but because one bleeds. When I began sketching the story, I wasn’t seeking to build a thriller or a plot driven by ...

Sobre la incidencia de la crisis de Renacimiento en las obras de Jonathan Swift y Daniel Defoe “Viajes de Gulliver” y “Robison Crusoe” vinculadas a la filosofía utópica ilustrada en “El Paraíso Perdido” de Milton.

 

Photo:Ernest Doronov





Ensayo.

Sobre la incidencia de la crisis de Renacimiento en las obras de Jonathan Swift y Daniel Defoe “Viajes de Gulliver” y “Robison Crusoe” vinculadas a la filosofía utópica ilustrada en “El Paraíso Perdido” de Milton.


La literatura tiene como materia prima las palabras y las letras, es decir, el lenguaje, del que todas las personas se valen para expresarse, la mayoría de las veces sin pretensiones estéticas. Esto es lo que la diferencia de otras manifestaciones artísticas como lo son la escultura, la pintura y la música; y lo cual trae como consecuencia que la literatura sea el medio de interpretación más sencillo de una cultura, nación, época o género. Esto quiere decir que, así como las circunstancias sociales definen la literatura de una determinada época, puede ocurrir el proceso contrario: las creaciones literarias pueden darnos una pista acerca de los sentimientos de los hombres de una cultura totalmente ajena a la nuestra. 

Bajo esta premisa, podemos explorar diferentes épocas e intentar establecer vinculaciones desde ópticas distintas, en tiempo y espacio, que pueden darnos una  aproximación al metalenguaje que trasciende a la obra literaria y permanece en las mentes de los hombres. Cierto es, que allí es donde puede establecerse la influencia de la obra literaria en el desarrollo de las ideas y pensamientos de una época específica, de un contexto histórico literario determinado que puede mostrarnos a la influencia del pensamiento de los autores sobre la sociedad en la cual están desenvolviéndose.


Como ejemplo de estas aseveraciones, podemos entrar a analizar la influencia de “El Paraíso perdido” de  John Milton, publicado en 1667, donde en forma de epopeya se trata el problema filosófico del bien y el mal, del sufrimiento permitido por un Dios todopoderoso y bueno, en contraste con la arrogancia del Renacimiento y su homocentrismo traído desde la prístina luz del clasicismo helenístico y romano; se crea aquí la duda racional, germen  de posteriores desarrollos filosóficos.

Desde la Edad Media, en la Europa de las catedrales, se utilizó a la figura del Dios colérico y exigente, al condenador de los impíos, como método de dominación de los siervos de la gleba para hacerles olvidar sus penurias y la suerte de vida que llevaban, ofreciéndoles una esperanza de vida feliz “alterna”… esto es, la salvación después de la muerte siempre y cuando acatasen los mandatos de la fe. Hacia el 1400, esta hipótesis entra en crisis, pues las personas, hastiadas de guerras y plagas, cuando imploraban al Dios misericordioso de la prevaricación de sus gobernantes y de los excesos amorales del clero, deciden volver sus ojos hacia sí mismos, hacia el hombre. 

En el Renacimiento se propone la unicidad, ya que la alienación producida por la visión teocéntrica hace y provoca la angustia existencial. No hay concordancia entre la caridad que se predica en las iglesias y los desafueros de los poderosos. Surge la duda sobre lo que somos y hacemos, y la no coincidencia entre lo pensado y la acción; esto genera la respuesta angustiosa, el desespero vital.

Una legión de artistas y pensadores como Erasmo de Rotterdam, Spinoza, Leonardo Da Vinci, Niccolo Maquiavelo y Rafael Sanzio escriben y crean en base a su humanidad y aquello que les proporciona vitalidad. Se extingue así el teocentrismo medieval, dando paso al humanismo, y con ello, a las pasiones humanas, al hedonismo y a la eterna arrogancia del poder y la codicia innata en los hombres. Las vicisitudes políticas, éticas, morales y salubres hacen que colapse en pocos años el movimiento recreado a partir de la pujanza del norte italiano que se irradió hacia toda Europa con la tardía excepción española.

Surge la crisis del Renacimiento, donde se cuestiona nuevamente la validez de la propuesta humanista dada, el descreimiento surgido en las élites pensantes e ilustradas acerca de la moral precaria de sus gobernantes y sobre todo del clero y los aristócratas. Y es que jamás cesaron las causales, que son intrínsecamente debilidades humanas. La oposición de las virtudes teologales contra los siete pecados capitales jamás cesó. El cuestionamiento de lo moral y ético jamás cesó, ni tampoco el desencanto ante las plagas, las guerras, el arduo trabajo sin provecho y la explotación del hombre por el hombre mismo. Las mentes ilustradas se enfilan entonces hacia una reinterpretación de la praxis vital, donde la razón  juegue un papel determinante y ésta salve a la humanidad de su propia desidia. Surgen  Descartes, Leibniz ,  Marlow,  Newton, Galileo y Milton a buscar las respuestas. Dice Milton en boca de Eva :

En resumen, ¿qué es lo que nos prohíbe conocer? ¿Nos prohíbe el bien, nos prohíbe ser sabios?... Semejantes prohibiciones no deben ligarnos... Pero si la muerte nos rodea con las últimas cadenas, ¿de qué nos servirá nuestra libertad interior? El día en que lleguemos a comer de ese hermano fruto moriremos; tal es nuestra sentencia... ¿Ha muerto, por ventura, la serpiente? Ha comido, y vive, y conoce, y habla, y raciocina, y discierne, cuando hasta aquí era irracional. ¿No habrá sido inventada la muerte más que para nosotros solos? ¿O será que ese alimento intelectual que se nos niega esté reservado solamente a las bestias? Pero el único animal que ha sido el primero en probarlo en lugar de mostrarse avaro de él, comunica con gozo el bien que le ha cabido, cual consejero no sospechoso, amigo del hombre e incapaz de toda decepción y de todo artificio. ¿Qué es, pues, lo que temo? ¿Acaso sé lo que debo hacer en la ignorancia en que me encuentro del bien y del mal, de Dios o de la muerte, de la ley o del castigo? Aquí crece el remedio de todo; ese fruto divino, de aspecto agradable, que halaga el apetito, y cuya virtud comunica la sabiduría. ¿Quién me impide que lo coja y alimente a la vez el cuerpo y el alma?


Es la declaración inexcusable, de que la razón es el principal benefactor del hombre en la secuela cruel de infortunios que es la vida. Es la reafirmación del libre albedrío como norte y estrella en la ruta procelosa del tránsito vital. Milton nos enseña que las decisiones deben ser consecuencia directa de la razón, y que ésta jamás debe claudicar ante la fe.

Se viven tiempos azarosos; la Reforma Protestante campea en Europa llevada por las exigencias clavadas en la Catedral de Wurtemburg, Lutero y sus acólitos ganan adeptos en todos los estratos y la Contrarreforma, capitaneada por las cristianísimas España y Francia, desata nuevamente la mortandad  en aras de la intolerancia religiosa. Surgen los burgos y se asientan las bases de las grandes capitales europeas, concentrando masas provenientes de los campos en busca de mejores condiciones, de hombres y mujeres que huyen de las masacres religiosas y de las pestes consecuencia de éstas. Este es el ambiente donde las obras de Swift y Defoe pasan a desglosar las vivencias y, en afán pedagógico, inspirados en Milton, con la ficcionalidad literaria descubren y describen sus tiempos.

En “Robinson Crusoe”, Defoe  se vale del artificio literario: El formato de novela es el reportaje. La obra en sí es el diario de Robinson durante su estancia en la isla. Por lo tanto, está escrito en 1.ª persona y tiene un estilo marcadamente directo. Esto hace aumentar la verosimilitud de la obra, convirtiéndola en un auténtico antecedente del realismo. Además, es el punto de distinción con la otra gran novela de aventuras, “Los viajes de Gulliver” de Swift.

Hace apología y exalta la laboriosidad burguesa, ya que la historia es toda una lucha entre el hombre y la naturaleza. El hombre gana mediante su ingenio (exaltación de la razón) y mediante el esfuerzo del trabajo manual. Además, ha conseguido vencer al destino, lo que es una importante victoria del racionalismo.

Las aventuras son incesantes; es una sucesión de ellas: cuando acaba una, comienza otra. Por ello, se mantiene constantemente la atención del lector, aunque al final se describe una aventura totalmente innecesaria, lo que arruina el final de la misma. (a mi juicio).

La necesidad de civilización. El hombre necesita tratar con iguales, y por ello, va a adaptar a Viernes, un caníbal, para convertirle en su amigo. Además, necesita mantener el ritmo de su sociedad; de hecho, Robinson elabora un calendario para mantenerse en la cuenta de los días y los meses. La necesidad de adaptación para superar la adversidad. Robinson no se lamenta en exceso de su situación, sino que se adapta para así poder encarar la situación mucho mejor.

La reflexión lingüística, que gira en torno a la relación de Viernes y de Robinson: es necesario tener un lenguaje en común. Ello nos remite al Verbo, al Logos, donde entramos nuevamente en el terreno de lo filosófico. La hermenéutica vital y glorificadora del lenguaje que une y aclara. 

Es el culto a la razón, la visión optimista del hombre y la búsqueda del progreso de la humanidad mediante la educación. Esto se traduce en el desarrollo de la ciencia y en la aparición, en arte, del Neoclasicismo, un movimiento opuesto al Barroco, que defiende la vuelta al Clasicismo y la intención social, especialmente didáctica, del arte. Mientras que en Francia se elaboran novelas-ensayo, con Voltaire a la cabeza, que tienen una difusión limitada, en Inglaterra tienen forma de novelas de aventuras, que son mucho mejor aceptadas por el público. Así, tenemos dos autores fundamentales de novela de aventuras inglesa: Daniel Defoe y Jonathan Swift.

Y precisamente en los hombros de Swift recaerá la gran crítica satírica que construye en “Los viajes de Gulliver”: destaca la sátira contra diversos elementos: la hipocresía y la vanidad en la política, la religión como causante de guerras y como obstáculo para la razón (todo esto especialmente en el primer viaje). Se critican las costumbres y la sociedad del siglo XVIII: capitalismo sin control, egoísmo y capricho humano, brutalidad e intelectualismo alejado de la realidad. Además, se tratan temas como la lingüística, el relativismo (especialmente en el cambio entre enanos y gigantes) o el elogio de la sociedad civil, en línea con el liberalismo.  Es la acérrima crítica entre el ser y el parecer tan en boga en esos tiempos en la sociedad inglesa, origen de su propia hipocresía que degenerará en un colonialismo salvaje y opresor a posteriori.

Recordemos que está naciendo la Revolución Industrial, hija directa del Iluminismo y la Ilustración, que dará paso al liberalismo económico y al nacimiento del capitalismo como modus vivendi .  La necesaria civilización, la unicidad del lenguaje, la consecución de materias primas y la exploración de los últimos rincones (Cook) del Pacífico serán los motores primarios de esta nueva epopeya, donde la razón, tantas veces luchada, será deshecha de nuevo entre golpes de espada y cañonazos.

 Los preceptos magníficamente ilustrados por Milton, Defoe y Swift como ejemplos de Civilización y Razón quedarán  abigarrados en sus letras, a la espera de quien quiera aprenderlos, y ejecutar sus enseñanzas. A casi 400 años de sus publicaciones, aún se espera por esos lectores/actores/ejecutores.


Gabriel Ganiarov


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